Narrativa 1

Testimonio de José Luis.  Concordia, septiembre de 2008.

  “Teniendo la pasión de escribir y comentar mis pensamientos, entiendo que no hay nada más grato que hablar de un hombre con mayúsculas, un ejemplo, el  más grande que vivió en Concordia a mi modo de ver las cosas, el visionario de la citricultura.  Formó una mega empresa llamada Pindapoy, que significa,  en guaraní (anzuelo fino),  plantaba citrus, eucaliptos,  tenía su empaque,  la fábrica de jugos,  el aserradero, dio trabajo la industria a más de 4.000 personas. 

  Cuando él manejaba la firma, llegó a exportar hasta dos millones de cajas de fruta fresca y 30 millones de dólares en jugo.  Sus productos se vendían en toda Europa y EE.UU.  Su firma, una de las mayores de prestigio de la Argentina.
  Gracias a su yerno, me dio la posibilidad de trabajar en Pindapoy, fue mi primer trabajo al terminar el secundario, cobrábamos el sueldo puntualmente, se trabajaba organizadamente, el trato del personal era correcto, la limpieza era impecable.
   Escuchar hablar a Don Valerio, viejo citricultor que se emociona y se ponen sus ojos brillosos, al mencionar al pionero de la citricultura, me refiero a Don Próspero Bovino, me decía que Don Próspero, era un hombre humilde, sencillo, mencionarlo era como hablar de un Dios.  Cuando fue a la ciudad de Bella Vista los correntinos no podían creer de la humildad de este hombre, familiero en lo personal y empresario, sus empleados eran su otra familia, luchador incansable, venían las heladas, se le secaban las plantas y él volvía a plantar de nuevo.


  Ser empleado de Don Próspero era sinónimo de rectitud, enseñaba cómo se debía trabajar, reconocedor de sus colaboradores, que se veía reflejado en los salarios que pagaba, mucha gente ganó dinero con él,  su palabra era sagrada,  se sonreía,  cuando veían a alguien sacando tarjetas de presentación, en tiempo que no había tractor, ni fertilizantes a puro corazón araba la tierra con los vacunos en su comienzo, no tenía incidente con el personal, cumplía sus obligaciones, sumamente educado y modesto, sabía escuchar.
  Esta estirpe de empresario, que apostaba a la producción, a dar trabajo genuino a la gente, no era invitado en esa época, ni por un Mariano Grondona, ni Bernardo Neustadt, para explicar cómo se saca el país adelante, en cambio se invitaba a economistas, dueños de bancos, que sólo hablaban de tasas y otros cuentos, y así nos fue.
  El año 89 fue desastroso, tasas de intereses bancarias excesivamente altas, lo dejaron solo , una verdadera ausencia de política de estado, la empresa que invertía incesantemente, debía a los bancos 4 millones y al cabo de 8 meses pasaron a deber mas de 30 millones, que no podían pagar.  Obligado por las circunstancias la empresa se tuvo que vender, cada mes subía el 60%, y un mes subió la deuda el 360%, imposible de subsistir, así la gran empresa que fue se tuvo que vender.

El día 2 de diciembre de 1989 leyó un mensaje de despedida al personal, diciendo en una parte «este país como cualquier país del mundo va a crecer y resurgir cuando tengamos una moneda sana, cuando se termine el país de la especulación y cuando los bancos puedan otorgar créditos con intereses razonables, los cuales, el agro, el comercio y la industria puedan pagar».

Así pasa en nuestro país, lamentablemente gente valiosa que la dejan sola, pero en definitiva, un gran hombre, con sobresaliente solvencia moral y empresaria, y resulta claro que perdimos mucho los concordienses  con el cierre de Pindapoy.
Un grande un poco olvidado, es bueno recordarlo" 

Narrativa llegada a la página.